Museo del Calzado Jose María Amat Amer

Evento

EXPOSICIÓN "MORIR PARA VOLVER A NACER" DE MARÍA PÉREZ

A veces nos parece que por dentro siempre es invierno,y nos ponemos capas para abrigarnos.
Camiseta interior, jersey y forro polarpara que el corazón no se constipe.
No nos damos cuenta de que en realidad no paramos el frío, y pasamos por alto que cuantas más capas nos ponemos, más difícil es que nada llegue a tocarnos la piel, y nos la erice.

Es así, nos encanta jugar a lo seguro.
Es más fácil que dejar que nadie nos vea sin capas, sin ropa, con miedos, con complejos.

Desnudarse delante de nosotros mismos nos da más miedo aún si se puede.
Y nos perdemos el 80% de cosas que podríamos darnos si tan solo nos quitásemos la ropa.

Así que desnúdate. Y deja que pase el frío.
Que como mínimo, te aseguro que va a ponerte la piel de gallina.
Y si te dejas, ya solo querrás ir sin bragas por casa.

Cuando era pequeña me quedaba mirando y contando las hormigas que subían por los
árboles, sumaba las rayas de las baldosas, me quedaba embobada mirando películas enteras
una detrás de otra, y le sacaba formas a las nubes.
Hace unos meses se paró mi vida. La mía y la de todo el mundo.
No soy una persona que sepa, o más bien que le guste, estarse quieta. De repente me vi entre
cuatro paredes sin poder hacer mucho más que contar los manises de la cocina de mi
abuela (que por cierto, tiene dos al revés), verme todas las películas que quería y sacarle
todos los tonos al cielo desde la terraza.
El primer mes no me di cuenta, pero en el segundo se me hizo muy evidente. Hacía meses,
si no años, que había dejado de pararme a mirar las cosas que habían a mi alrededor.
Ni a las cosas, ni a las personas. O por lo menos, no las miraba con el tiempo y dedicación
que se merecen. Me dio pena darme cuenta de que llevaba mucho tiempo perdiéndome
cosas por no estar presente. Somos una generación bombardeada continuamente con
imágenes a un ritmo imposible de seguir y con acceso a cualquier tipo de información
que queramos. Tenemos una capacidad de comunicación y de conexión entre nosotros
abrumadora, y sin embargo somos la generación más desconectada de la historia. La generación
horror vacui.
Corremos a tal velocidad, que si no somos capaces de parar, estrellarnos está asegurado.
A estas alturas, lo más inteligente y el mayor acto de bondad que podemos tener hacia los
demás y hacia nosotros mismos, es la rendidicón.
Dejar de luchar. Parar de golpe y volver al punto de partida.
Esta serie de fotografías pertenece a todo un proyecto en el que hablo de lo necesario que
es volver a parar y contar hormigas otra vez. De saber quienes somos, donde estamos y
con quien lo compartimos. De honrar nuestro cuerpo y el mundo en el que vivimos. Estas
fotos, son mi manera de rendirme y dejar de luchar. Mi manera de morir para volver a
nacer.
Gracias por dejar de correr y dedicarme unos minutos de tu tiempo para leerme.
Y sobre todo, gracias por rendirte un ratito conmigo.

 

María Pérez Requena