Museo del Calzado Jose María Amat Amer

Evento

EXPOSICIÓN "ARTE EN ESPEJOS. REFLEJOS EN MOVIMIENTO" de FRANCISCO PIÑERA

ESPEJOS


En el centro de ciertas enseñanzas de Budismo Tibetano de la Vieja Escuela (Escuela Ñingmapa), podremos hallar el símbolo del espejo como uno de los más importantes pilares sobre el que se asienta el conjunto de todos sus conocimientos y saberes. Entienden los practicantes y adeptos de esta escuela (los dzogchenpas) que el espejo, en su propia naturaleza esencial, es absolutamente puro, inocente, y que sólo se ocupa de devolver el reflejo inalterado de todo aquello que se le pone delante. El espejo no miente.

Me ha hecho acordar el trabajo de Paco Piñera de aquellos saberes y de aquellas tierras lejanas de altas montañas donde chorrea agua a mansalva por entre un aire tan limpio y puro como la superficie de un espejo, precisamente. Es desde esta perspectiva como he llegado a la conclusión que las imágenes que devuelven los espejos a los que Paco se asoma se aproximan muchísimo a la belleza y al amor a los que todo ser humano aspira o debiera aspirar. Y en particular el artista.

Lo que podremos contemplar en esta magnífica exposición es un trabajo de “ingeniería artesanal y/o artística”, un trabajo limpio, pulcro, metódico, de temática diversa, mimando la distribución y combinación del color al jugar con la irisada superficie en la que descansa la luz como una bestia sagrada que duerme. Un trabajo que roza el acto meditativo, conseguido a silenciosos golpes de esmalte, y que exige una concentración digna de tener en cuenta si deseas zambullirte en los entresijos de la luz y lograr lo que consigue Paco al hacerlo: sencillez, amor, belleza.

La verdad es que me encantaría poder ver la cara que sin duda pondrían Eva y Adán al intentar verse los semblantes en el espejo y caer estupefactos en la cuenta de que allí lo que se refleja es el ambiente de un viejo y legendario grupo de rock. O la de Mark Knopfler al ir a afeitarse tras desayunar y quedar ensimismado y transportado al arabesco del suelo de uno de esos palacios que se relatan en las mil y una noches. O, sin ir más lejos, yo mismo intentando comprender frente al espejo el enigma de mi rostro de pobre idiota cansado y darme con el de un John Lennon en la flor de la vida… ¡Qué maravilla! ¡Cuánta originalidad! ¡Qué goce! ¡Qué buenos los reflejos que Paco regala tras exprimir la ubre de la luz y la pureza! Sólo me queda decir… ¡Enhorabuena, primo!

 


Pedro Piñera Arenas

Cieza, a 21 de marzo del 2021