La intención de la muestra es ir más allá
de la mera exhibición de fotografías e intenta ampliar al máximo
sus medios de expresión con el fin de que quienes acudan a visitarla
comprendan los grandes desplazamientos de población y lo que suponen
como aventura de reorganización de la humanidad.
La exposición se organiza en cinco grandes secciones:
EMIGRANTES Y REFUGIADOS: EL INSTINTO DE SUPERVIVENCIA.
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GIBRALTAR, UNA FRONTERA ENTRE
DOS MUNDOS
En el puesto de observación de Tarifa
Trafego, el sistema español de control por radar acaba de localizar
una embarcación sospechosa que navega sin luces por el Estrecho
de Gibraltar. El puesto comunica su posición por radio a un barco
patrulla de la Guardia Civil que se aproxima a la embarcación
sospechosa que transporta a 33 emigrantes ilegales desde Marruecos a
España. Estrecho de Gibraltar. 1997.
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La mayoría de los emigrantes deja sus hogares llenos de esperanza;
los refugiados lo hacen llenos de miedo; pero a todos les guía el instinto
de supervivencia. Atrapados en una vorágine de pobreza y de violencia
que no pueden comprender, su única salida es huir hacia delante.
Casi todos los emigrantes del Tercer Mundo se dirigen a las
ciudades, donde se unen a los familiares que les precedieron y donde, con
el tiempo, acaban construyendo sus propias viviendas precarias. Los más
ambiciosos tienen por meta Europa y los Estados Unidos. Sus viajes son largos
y peligrosos, pero, entre otros, hay mejicanos, marroquíes, vietnamitas
y rusos que piensan que vale la pena correr esos riesgos por alcanzar el sueño
de una vida mejor. Si lo consiguen, no suelen volver la mirada hacia lo que
dejaron atrás.
Por el contrario, los civiles, víctimas principales de
las actuales guerras regionales, nunca se convierten en refugiados por voluntad
propia. Kurdos, afganos, bosnios, serbios y kosovares han sido obligados por
millones a huir de sus pueblos y ciudades. Al igual que los palestinos, que
han pasado décadas viviendo en campos de refugiados, sueñan
con volver a casa. Para algunos, sin embargo, la ruptura con el pasado se
hace permanente: de refugiados pasan a convertirse en exiliados, y de exiliados
en emigrantes.
EL DRAMA DE LOS REFUGIADOS
DE LA ANTIGUA YUGOSLAVIA
En la carretera entre el puesto fronterizo
de Morini y Kukes en Albania, una famila espera el regreso de su tractor
que había ido a remolcar el trailer de otro tractor averiado.
Albania. 1999.
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LA TRAGEDIA AFRICANA: UN CONTINENTE A LA DERIVA
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SUR DE SUDAN: UNA POBLACIÓN
ANGUSTIADA
Tanto el gobierno como los rebeldes intentan capturar
niños para obligarles a luchar en la guerra civil que desgarra
el sur de Sudán. De esta forma, y desde una edad muy temprana,
se separa a los jóvenes de sus familias. Se van en grupos, por
barrios o aldeas, y se dirigen al norte de Kenia para refugiarse en
campos organizados por Naciones Unidas. Viajando por el sur de Sudán,
me encontré con grupos de chicos jóvenes, desaliñados
y hambrientos, descansando medio escondidos en su largo viaje hacia
el sur.
Sur de Sudán. 1993.
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Durante mucho tiempo, África se ha visto traumatizada
por el sufrimiento y la desesperación; sus gentes están marcadas
por el hambre, la pobreza, la corrupción, la tiranía y la guerra.
A esos azotes se suma ahora el SIDA, que está haciendo estragos entre
la población de muchos países del sur y el centro del continente.
Poco a poco se han desvanecido las esperanzas suscitadas por la independencia
hace cuarenta años: Las cosas están empeorando en casi todas
partes.
Hasta las inundaciones de este año, Mozambique fue una
extraña excepción: por fin había terminado una guerra
civil prolongada durante décadas, permitiendo que cientos de miles
de refugiados vuelvan a sus casas. Pero los conflictos continúan asolando
Angola y el sur de Sudán, forzando la huida de millones de personas.
Como siempre, los civiles, incluyendo los niños forzados a enrolarse
en el ejército, se convierten en peones indefensos dentro de las luchas
por el poder y el dinero de los caciques políticos, religiosos y tribales
de turno.
A veces se tiene la impresión de que los Estados Unidos
y Europa han dado por perdida a África. Desde luego, hicieron muy poco
para detener el genocidio que tuvo lugar en 1994 en Ruanda, en el que se estima
que pudieron morir un millón de tutsis. Los problemas de Ruanda se
extendieron luego al Zaire (actual Congo), donde cientos de miles de refugiados
hutus se convirtieron en víctimas de las políticas étnicas
del África Central. Hoy, incluso los países vecinos al Congo
han entrado en la guerra.
REFUGIADOS RUANDESES EN LA ZONA DE GOMA, ZAIRE.
Los pequeños lagos y los pozos de la región
se secaron enseguida. Los refugiados tenían dos soluciones:
andar 20 kilometros hasta el pozo más próximo o esperar
horas y horas, tal y como hacen en esta foto, para recibir agua.
Zaire. 1994.
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LATINOAMÉRICA: ÉXODO RURAL, CAOS URBANO
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LOS INDIOS DEL AMAZONAS EN BRASIL
Una madre yanomami con su hijo en la "maloca"
en Lafakabuco, a un día de camino del puesto del ejército
de Brasil y de la pista de aterrizaje de Surucucus. Incluso aquí,
la influencia de los no indígenas puede observarse en este grupo
que ahora se dedica a hacer artesanía para vender a los soldados.
Estado de Roraima, Brasil. 1998.
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La historia reciente de Latinoamérica ha sido moldeada
por la emigración de decenas de millones de campesinos hacia zonas
urbanas. Con las mejores tierras de cultivo concentradas en las manos de una
rica minoría desde épocas coloniales, la población rural
latinoamericana siempre ha tenido que luchar duramente por su supervivencia.
Pero la mecanización de la agricultura y el uso creciente de tierras
fértiles para la ganadería intensiva han hecho que sea casi
imposible para los campesinos sin tierra encontrar un buen trabajo. La emigración
es la única salida a medida que la familia crece.
Algunas comunidades no quieren rendirse: Los indios del Amazonas
luchan para impedir que los especuladores del oro y las compañías
madereras destruyan su hábitat; los rebeldes zapatistas del sur de
México intentan recobrar las tierras de que se apoderaron los aliados
del régimen político; el "Movimiento de los sin tierra",
en Brasil, ya convertido en una fuerza política bien organizada, ocupa
las grandes fincas privadas desaprovechadas resistiendo la represión
de los terratenientes.
Para la mayoría, sin embargo, la batalla está
perdida: casi todos los que viven en las aldeas de montaña de Ecuador
son mujeres y niños, los hombres han tenido que emigrar a las ciudades
o a la costa. Y a escala continental, el resultado inevitable de este éxodo
son inmensas e ingobernables metropólis como Ciudad de México
y Sao Paulo, donde, rodeados de barrios de chabolas atestados de inmigrantes,
incluso los privilegiados viven asediados por la violencia urbana.
MOVIMIENTO DE LOS SIN TIERRA EN BRASIL
Durante muchos meses, 2.800 familias ocuparon la plantación
Cuiabá en el Xingó sertão, junto al río
São Francisco, hasta que la expropiación de dicha propiedad
se aprobó finalmente el 6 de mayo de 1996. Este hecho marcó
una gran victoria de los campesinos que se reunieron para celebrarla.
Estado de Sergipe, Brasil. 1996.
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ASIA: EL NUEVO ROSTRO URBANO DEL MUNDO
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LAS MEGACIUDADES ASIÁTICAS
Tubería que lleva agua potable a los distritos
más prósperos de Bombay y que atraviesa el asentamiento
chabolista de Mahim, no lejos del aeropuerto. La mayoría de los
habitantes de Bombay viven en suburbios, muchos de ellos incrustados
en barrios de clase media. Bombay, India. 1995. |
La huida de la pobreza rural ha proporcionado a Asia un nuevo
perfil urbano. Las ciudades se han convertido en imanes irresistibles para
los campesinos del estado indio de Bihar, para los granjeros de la isla filipina
de Mindanao, para los pescadores de Vietnam. Hipnotizados por la imagen que
ofrece la televisión de la vida urbana, los emigrantes no suelen ser
conscientes de las dificultades que les esperan. Y el éxodo continúa.
De El Cairo a Shangai, de Estambul a Yakarta, de Bombay a Manila,
esta emigración (ayudada por las altas tasas de natalidad) ha hecho
surgir megalopólis del tamaño de Sao Paulo y Ciudad de México.
Casi todas las ciudades más grandes del mundo se encuentran ya en Asia.
Y la tendencia es irreversible: el rápido crecimiento económico
de los años 80 y de gran parte de los 90 aceleró el crecimiento
urbano, pero cuando la economía de los países asiaticos se colapsó
brevemente a finales de la pasada década, ningún emigrante volvió
a su tierra de origen.
En ningún lugar el cambio ha sido más repentino
que en Shanghai: en apenas una década, las metrópolis del sur
de China se han transformado hasta ser imposibles de reconocer. A pesar de
sus rutilantes centros comerciales y edificios de oficinas, típicos
de la nueva China, Shanghai aún no es capaz de proporcionar trabajo
y vivienda apropiados a su población desbordante. En este sentido,
es el típico ejemplo de gran ciudad asiática: una vida mejor
para los que llegan sin nada es más una promesa que una realidad.
LAS MEGACIUDADES ASIÁTICAS
Marina Dive, con el horizonte de Bombay de fondo,
donde muchos pobres deciden dormir en espera de la distribución
de comida del día siguiente. Bombay, India. 1995.
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NIÑOS DE HOY
Campo de la Escuela de Natinga para sudaneses desplazados.
Sur de Sudán. 1995.
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Campo de Kamaz en Mazar-e-Sharif para afganos desplazados.
Afganistan, 1996.
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Los niños fotografiados aquí son como las decenas
de millones que pueden verse en los poblados de chabolas, los campamentos
de refugiados y los asentamientos de campesinos que se esparcen por Latinoamérica,
África, Asia y Europa; fueron, en ese sentido, escogidos al azar. Pero
también detentan una individualidad orgullosa, porque de ellos partió
la decisión de ser fotografiados.
Un buen día, vieron a un extranjero con una cámara
y se precipitaron ruidosamente hacia la novedad. A cambio de permitir al visitante
trabajar con calma, se les invitó a ponerse en fila para ser retratados.
Su actitud cambiaba de pronto. Uno a uno, se enfrentaban a la cámara
y decidían el modo en que serían fotografiados.
Siempre que hay una situación crítica, los niños
son las principales víctimas. Son intrínsecamente inocentes,
pues no poseen ningún control sobre su propio destino. Y aunque su
historia sea la de sus padres, experimentan y narran sus vidas a su manera.
Sus ropas, sus poses, sus expresiones y sus ojos nos hablan de tristeza y
de sufrimiento, pero también de humor y de esperanza. O eso queremos
imaginar.
En realidad, sólo podemos imaginar lo que están
sintiendo. Al menos, les vemos como eligieron ser vistos. En pie, solos en
el universo de la fotografía. Y puede que por primera vez en sus jóvenes
vidas hayan tenido la oportunidad de decir "Yo soy".